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- La demolición de
las casas palestinas
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- ¡Desgraciadamente, esto no
es un hecho novedoso! Expulsar a las familias y no ofrecerles
otra vivienda ya es en sí un escándalo. Pero derrumbar
sus casas es una vergüenza. Una vergüenza para el país
que comete hechos de esta índole.
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Destruir las casas significa destruir
a las familias. Porque las familias las han construido con sus
propias manos. Se han endeudado para construirlas. Pusieron en
ello su esperanza y su orgullo para vivir en paz. |
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- Cuando destruyen las casas destruyen
la esperanza. Pero no destruyen la ira, ni la rebeldía,
ni tampoco la violencia.
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- Cuando un país destruye las
casas, se destruye a sí mismo porque fundamenta su fuerza
en la injusticia.
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Cuando un país destruye casas,
manifiesta a las claras que no quiere la paz. Su comportamiento
niega el derecho de los demás. Da a entender a quienes
no lo hubieran entendido todavía que el pueblo palestino
vive en territorios ocupados: padece la ocupación. |
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- ¡Los palestinos la viven desde
1948! En los Territorios ocupados, el ocupante es el amo. Decide
lo que quiere. Pone trabas a la libre circulación de los
palestinos, les impide trabajar y pisotea sus derechos. Pero,
el colmo, es la destrucción de sus casas. Como lo declaró
tan oportunamente el Patriarca latino de Jerusalén a las
autoridades israelíes: "Si les interesa destruir,
destruyan las iglesias pero no las casas."
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- A los miembros de la delegación
francesa nos han invitado a un campo cercano a Jerusalén.
Avisaron a doce familias de la destrucción de sus casas.
Hasta la caída del día, estas familias nos han
narrado su desesperación: "Si destruyen nuestra
casa, lo perdemos todo"
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- Con calmar la violencia no se resuelve
nada. Hay que llegar a las fuentes de esta violencia. Los palestinos
experimentan la ocupación, la humillación del día
a día. Son ciudadanos de segunda . Les niegan sus derechos.
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- Otrora, cuando yo iba a Palestina,
compartía su esperanza. Hoy comparto su impotencia.
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