Catecismo electrónico de Mayo 1997 |
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Cada uno tiene su cruz. Nuestras cruces no son intercambiables. Con frecuencia, uno no escoge su cruz. Nos son dadas. Al escuchar ciertas confidencias, se da uno cuenta de que hombres y mujeres llevan cruces muy pesadas. No hay un modelo único de cruz. Pero también ocurre que las cruces sean la consecuencia de nuestras opciones de vida que nos proponemos realizar hasta el final. Estas cruces no son externas a nuestra vida. Antes de ser un signo cristiano, la cruz era un signo universal. El ser humano está llamado a levantarse entre la tierra y el cielo, con los brazos extendidos. Está parado con los pies sobre la tierra de la cual nació y a la que regresará su cuerpo. Pero se yergue porque es levantado por el soplo de Dios, llamado a abrirse a un horizonte distinto. En esto consiste su dignidad. Un ser en plenitud. Nada raro que una persona que viva así "en cruz" suscite una reacción de miedo en aquellas y aquellos que viven encogidos. Ella los desestabilizará porque hay rechazo de vivir en plenitud. Se tratará de eliminar a una persona así. Jesús vivía en cruz. Se le clavó en ella. Asumió el destino de un ser humano en un mundo de miedo que se resiste a escuchar la llamada de Dios y a "ponerse en cruz"; un mundo que mata al ser humano. Jesús vivía en cruz. Se le clavó en ella. Bajo al corazón del mal y del odio para que el amor estuviera presente allí. No es el sufrimiento lo que salva sino el amor. El amor hasta el final. Jesús entró en la noche y en la muerte para mostrar que la travesía es posible. Una travesía hacia la vida. Una travesía hacia el amor. Con la cruz de Jesús siempre es posible pasar al otro lado, pues el amor es victorioso. ?Hacer el signo de la cruz: sí. Pero significa algo la cruz?
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