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Amanece un nuevo mundo
Millau, sub-prefectura de Aveyrron, se preparaba para recibir
a 50 000 personas par el juicio de los diez campesinos de Larzac
, entre ellos José Bové. En una estupenda velada,
toda la red de Partenia se reunió para acogerme. Todo
ello ocurría en el maravilloso jardín de la familia
que me hospedaba. En esta ocasión, como suele ocurrir,
me enteré, admirado, de cómo cristianos y no cristianos
se habían concentrado y habían tomado la palabra
en enero del 95 delante del arzobispado de Rodez. José
Bové estaba con ellos.
Después de la velada, comenté que me apetece dar
una vuelta a pie por la ciudad. Me acompañaron. Las calles
y las plazas iluminadas se llenaban de vida con la llegada de
los jóvenes en esta cálida noche de verano.
Al día siguiente por la mañana, me invitaron a
una rueda de prensa que se iba a celebrar en un campo, sobre
una colina salpicada de sol. José Bové me dijo
que tenía un asiento reservado para mí en el tribunal.
Las plazas son, en efecto, escasas en ese tribunal cuadriculado
por la policía. Consigo a duras penas franquear todos
los obstáculos, penetro en esos lugares donde se celebra
el juicio de tantos peligros.
Me alegré de conocer a los padres de José. Adivino
el orgullo secreto que sienten por su hijo. "Debisteis aprender
mucho estando junto a él" les dije . "Muchas
veces hemos tropezado, no siempre fue fácil" me confesó
su padre.
Comenzó el juicio. El juez, me lo pareció, no controlaba
la situación. No escuchaba, hablaba mucho. Frente a él,
los diez campesinos se expresaban con calma y sentido del humor.
Tenía la impresión de que dos mundos no se encontraban.
Al cabo de dos horas, salí del tribunal para reunirme
con la multitud. Había forums por todas partes. Los jóvenes
ocuparon Millau y se oponen a la fatalidad de la mundialización
liberal. El futuro no podrá construirse sin los pueblos,
y sin que los pueblos pobres del planeta accedan a la toma de
decisiones.
El Larzac tiene larga tradición de lucha. Hoy día,
se da una convergencia de las luchas. Esto es un signo de la
mundialización de la resistencia. Tengo la convicción
de que aquí un nuevo mundo está amaneciendo. |
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En Roma
Yo no había estado en la Ciudad desde 1995. Los responsables
católicos de la Gay Pride me habían invitado a
intervenir en un encuentro ecuménico sobre "religiones
y homosexualidad". Al enterarse de que el Vaticano no iba
a recibirles y que el Municipio de Roma les ponía trabas,
acepté su invitación para dar un mensaje de esperanza
a los y las que se sienten tan rechazados por la sociedad como
por las Iglesias. Al estilo de Jesús en el Evangelio,
que siempre dejaba el futuro abierto para las personas que se
encontraban con él.
A mi llegada a Roma, el arzobispo de Lyon, Presidente de la conferencia
episcopal, me comunicó por teléfono: "El Papa
intervino personalmente ante el cardenal Sodano, Secretario de
Estado, para que tú no tengas intervención en este
encuentro ecuménico. El Cardenal Sodano avisó al
Nuncio apostólico en París me dio el recado a su
vez.. "Si el Papa me pide que no intervenga, no intervendré,
obedezco".
Avisé de inmediato a los organizadores que sintieron consternación.
Les animo diciéndoles que el Papa nos hizo un favor al
crear el acontecimiento. Su intervención, que significa
prohibición, interesará a los medios de comunicación
que van a venir al completo. Esto fue lo que ocurrió sin
tardar. Después de un día de entrevistas, me volví
a París.
Sólo queda que si una delegación de Gay Pride
hubiera sido recibida en el Vaticano, se habría dado un
signo de acogida y de escucha . Una oportunidad desperdiciada. |